La
adivinación a través del tiempo
Desde
el tiempo más antiguo, el hombre fue atraído por la magia, el poder de
conocer el futuro y
entonces por la adivinación.
La
palabra adivinación procede del latín e indica un acto, una acción o un ritual
para interrogar a
una divinidad para conocer los secretos del pasado, del presente y del
futuro y para
conseguir instrucciones sobre el comportamiento de tener en una
circunstancia
particular.
Los ritos eran desenvueltos
según procedimientos definidos para obtener signos
interpretables en
modo cierto, sin ambigüedades.
Este carácter técnico
de los ritos no permite incluir, en la historia de la adivinación,
los profetas, que
no basaban las predicciones sobre la observación de signos buscados
con métodos
empíricos, sino se abandonaban a una inspiración que nacía durante la
oración o la
meditación.
De
todos modos, en todas épocas, la consultación de oráculos o adivinos tuvo
mucha importancia: entre
los miembros de las comunidades nacieron unos individuos
que detenían el
poder de predecir el futuro y descubrir el oculto: en las varias
sociedades, estos
oráculos tuvieron nombres diferentes, pero todos tenían que ser
mediadores entre el
hombre y la divinidad, para conocer el pasado, el presente y el
futuro a través del
contacto de la inteligencia humana con el sobrenatural.
En la antigüedad,
como podemos ver también el los poemas épicos, los reyes, nunca
tomaban una
decisión importante (como podía ser el empiezo de una guerra) sin
consultar a un
oráculo y sin una clara lectura de los signos que los dioses les enviaban.
En esas épocas, en
efecto, era muy importante conocer el avenir, saber lo que los dioses
reservaban a los
hombres y tener una guía de seguir en cada acto de la vida humana.
Esta actitud
derivaba de la inmensa e indiscutible fe que ellos tenían en sus dioses, que
creían hubieran el
poder sobre todo el mundo y todos los hombres.
Además, pensaban
que no fuera posible que ellos negaran, a quien intentaba volverlos
propicios, un
consejo, una seña que les encorajara a una empresa ya empezada o les
quitara de otra que
querían empezar.
Por esta razón, los
oráculos desenvolvían un rol central sea para las instituciones, que
para la
cotidianeidad de cada persona y eran estimados y respectados.
El
oráculo, en la adivinación directa, establecía el contacto con la divinidad a
través de la
oniromancia (adivinación a través de los sueños), la nigromancia (arte de
evocar revelaciones
de las almas de los muertos) o estados de trance; en la adivinación
indirecta,
interpreta el comportamiento de animales y fenómenos naturales considerados
posibles mensajeros
del mundo sobrenatural a través de la aruspicina (inspección de las
vísceras de los
animales), la ornitomancia (estudio del comportamiento de los aves),
interpretación de
sueños y visiones, espejos mágicos, la bola de cristal (considerada la
forma más noble y
rara), la bibliomancia (interpretación de mensajes celados en algunos
libros, sobretodo la Biblia), la numerología
(estudio de los números), la quiromancía, la
cartomancia, la
lectura de las hojas de te, la lecanomancia (observación del hondo de
una jofaina o de un
frasco que contiene aceite, agua, piedras,...) y el lanzamiento de las
suertes (tarjetas).
Entre paganos,
hebreos y los primeros cristianos, la adivinación era muy legada a la
religión.
En
el curso de la edad media, en toda Europa se difunde la creencia en la
brujería: sostenida
por leyendas y supersticiones populares, era acompañada por ritos
paganos, a veces
reelaborados a la luz del cristianísimo, y por prácticas mágicas, que
recorrían a hierbas
medicamentosas. Aunque las leyes no lo permitían, estos rituales
eran muy radicados
en las campañas y los casos de represión severa fueron raros hasta
el siglo XII.
Las cosas cambiaron
cuando, en el curso del siglo XIII, empezaron a considerar la
brujería como obra
del diablo y a creer en el “sabba”, reunión periódica de brujas y
brujos
caracterizada por ritos orgiásticos, homicidios rituales y actos de adoración
de
Satanás.
A la mitad del
siglo XIV, llegaron a identificar la brujería como una forma de herejía,
de la cual se ocupó
la inquisición.
Las represiones
llegaron a ser más duras en el siglo XV, por la aprobación de una bola
papal (1484), y
duraron por más de dos siglos.
Las motivaciones de
estas represiones son, por un lado, la iglesia, que temía el
nacimiento de
corrientes heréticas, por otro, a menudo los procesos tenían razones
económicas, porque
la condena llevaba al expropio de los bienes, intereses políticos y
deseos de venganza
personal.
Las brujas eran
sometidas a violencias físicas y psicológicas y condenadas a la hoguera.
Decir
que la adivinación es sólo un junto de actos supersticiosos a través de los
cuales se presupone
de conocer el futuro, es muy superficial, porque, puesto que no
podemos afirmar que
existe una relación directa entre cada práctica adivinatoria y las
modernas búsquedas
científicas, algunos ramos de nuestro saber provienen de la atenta
observación y
reflexión sobre la natura: de la atención prestada a los movimientos
astrales, nació la
astronomía; la meteorología hunde sus raíces en la adivinación basada
sobre presagios
conectados a fenómenos atmosféricos; los estudios anatómicos tuvieron
origen en las
disecciones de animales hecha con fin adivinatorio; los debatitos sobre el
origen y el
significado de los sueños concluyeron, al final del ochocientos, en las
geniales
intuiciones de Sigmund Freud.
Entonces,
tendríamos que decir que la adivinación en el interpretación simbólica
de fenómenos
naturales o de combinaciones casuales de signos, basada en la creencia de
poder descubrir
cosas desconocidas por medio de un rito mágico o religioso.